



La misión encomendada ayer tenía una parte de hazaña y otra de magia...viajar a La Gineta y enfrentarme a un grupo de niños para hablarles de niño (perdido) y responder a cientos de preguntas que iban desde la máxima expresión de la creatividad a la carcajada simpática...menudas fieras y que cabezas... deberíamos tener contacto con niños todas las semanas para refrescar la mente porque ellos si que son verdaderos maestros.
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